La solución para expertos en gestión de personas
RRHH Digital explica la incidencia de la diversidad en el triunfo de las empresas. Desde los departamentos de Personas sabemos bien por la práctica que las empresas no cambian porque cambien los organigramas. Cambian cuando cambian las personas y la forma en la que trabajan juntas.
Y en ese proceso de cambio, la diversidad no es un elemento accesorio. Es un factor clave: cuanto más diversas son las miradas, experiencias y formas de pensar que conviven en la organización, mayor es la capacidad de adaptarse, aprender y evolucionar de forma sostenible. En este contexto, la diversidad ha dejado de ser un concepto aspiracional, de moda y de cara a la galería para convertirse en una palanca real de impacto organizativo.
Por una parte, integrar diversidad en la empresa es una palanca con la que atraer al mejor talento puesto que la sociedad en sí misma es diversa. Las nuevas generaciones y las personas en general buscan cada vez más un entorno donde puedan ser quiénes son y valoran de forma creciente entornos inclusivos y alineados con sus valores. Todo ello, sitúa a la diversidad como un factor diferencial en la propuesta de valor al empleado e incide en el sentimiento de pertenencia de los equipos.
Esta mirada amplia y plural permite, a su vez, transformar la cultura organizativa al reducir los puntos ciegos. De forma natural, los equipos homogéneos tienden a reforzar sus propias creencias, marcos mentales… Sin darnos cuenta, caemos en inercias, en repetir lo que ya conocemos, en hacer las cosas “como siempre” por comodidad. Por ello, configurar equipos diversos en todas sus formas aporta riqueza y cambio, ya que introduce matices, preguntas y perspectivas que elevan la calidad del análisis y de la toma de decisiones. En un entorno cada vez más cambiante y complejo, contar con diferentes miradas nos permite anticipar riesgos, identificar oportunidades y tomar decisiones más ajustadas a la realidad que es, en definitiva, lo que se nos pide en nuestras organizaciones.
Ahora bien, que la diversidad aporte realmente este valor no ocurre de forma automática. Uno de los retos en el día a día es precisamente este. Desde fomentar tanto por parte de los equipos de Personas como por parte de los líderes de las organizaciones que exista diversidad real tanto de perfiles, personalidades, experiencias, formaciones y trayectorias. Y especialmente, es clave centrarse en el funcionamiento de los equipos para que las propias dinámicas favorezcan la inclusión, la escucha activa y la participación evitando que se impongan miradas únicas o dominantes. Esto implica revisar procesos, estilos de liderazgo y rutinas internas ya que al final, en las pequeñas cosas son en las que todos/as podemos incidir en nuestro día a día: en cómo se facilita la participación en una reunión, en cómo se toman decisiones, en cómo se reconoce el talento o se gestiona el desempeño.
Para que la diversidad sea algo vivo y sostenible, será fundamental fomentar el aprendizaje continuo como parte de la cultura organizativa y acompañar a las personas con las herramientas necesarias para liderar el cambio. Informar, formar, acompañar, fomentar y también retar son claves para que todo ello se traduzca en nuestra manera de hacer y deje de ser un conjunto de buenas intenciones, convirtiéndose en parte del ADN de la organización.
En definitiva, la diversidad no es un proyecto aislado. Es una manera de construir cultura, liderazgo y futuro. Hablar de diversidad es hablar de cómo trabajamos en nuestra organización juntos, cómo tomamos las decisiones y cómo construimos futuro.
Porque no basta con quién está en el equipo; importa cómo funciona: si todas esas voces son escuchadas, tenidas en cuenta y convertidas en acción. La diversidad cobra sentido cuando se traduce en comportamientos cotidianos, en dinámicas conscientes y en una cultura que permite que las personas aporten lo mejor de sí mismas sin tener que encajar en moldes predefinidos.
Y ante esto, conviene pararse y preguntarse: